domingo, 26 de septiembre de 2010

Consumidores apampanaos

Supongo que todos los que me leeis, y vuestros amigos, vuestras familias, vuestros compañeros de trabajo, de paro, de estudios o de la compra, y sobre todo los de la compra, pagáis el recibo de la luz.
Supongo que a estas alturas ya os habréis enterado de que va a subir más de un 4%, cuando el índice de precios al consumo (IPC) no llega ni al 2% (y eso porque ha subido el IVA, que sino igual entramos en deflacción, es decir, en índice negativo; que bajan los precios, vaya).
No sé si sabréis que los beneficios netos de las compañías electricas han seguido subiendo. No en vano, la suma de los aumentos en los últimos tres años de la factura de la luz alcanza el 25%.
Que todos hemos pagado sin rechistar. Consumidores apampanaos, vaya chollo para las empresas.
En estos años, se han hecho algunos apagones populares de cinco minutos, una hora, en algunos días determinados, casi siempre por razones ecologistas, que muy bien está, ni qué decir tiene.
Me pregunto qué pasaría si, por ejemplo, a partir de octubre, nos da por apagar todas las luces de la casa (vale, para los más adictos dejamos la televisión...) durante una hora todos los días el mes.
El resto, con velas.
Me pregunto, queridas consumidoras y queridos consumidores, qué pasaría si por una vez, tan sólo un mes, tan sólo una hora, tomásemos las riendas de nuestra responsabilidad personal en cómo están yendo las cosas (sí, lo que está ocurriendo igual pasa porque nosotros seguimos viviendo como si no pasara nada, nada mejor para la mente que el autoengaño, eh?) y decidiésemos dar un poco por saco a las grandes corporaciones.
Somos un poder inmenso, nosotros los consumidores. Si dejamos de consumir, insisto, se cagan.
La huelga ya no es sólo dejar de ir a trabajar un día (que por supuesto, está muy bien para quienes todavía crean en ello).
La huelga hay que hacerla todos los días. En principio, sólo una hora, sólo un mes.
Te atreves a intentarlo? Comparte esto con tus amigos.
Yo no pierdo nada con proponerlo. Solo soy La Que Abre Las Puertas. Mi obligación no es que nadie entre o salga por ellas. Ahí queda el libre albedrío.
Abierta queda.
Bienvenidos a lo nuevo.

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