sábado, 15 de mayo de 2010

Del cuaderno a la Red sin red. Volver al Lugar

No quiero volver
al Lugar
donde moran
los atardeceres
no quiero remover
el rastro
del dolor pretérito
el Lugar
me espera
me reclama
pero no comprendo
sus murmullos
de memorias repetidas
si lo miras
aprecias el mismo mar
la misma arena
el río que abre
un paso milenario
entre recuerdos
regresar
es sumirse sumisa
en madrugadas remotas
en palabras torpes
contra temores
absurdos
para qué volver
si ya arrastro
aquel recreo
continuo
genial
inabarcable
el monte que ardió
ahora es verde
como entonces
sigue la brisa
con su olor a sal
y la sombra
del pinar eterno
siguen los rostros
pero traen arrugas
rastros
de las orugas
del tiempo rematado
miradas
del mismo color
para expresiones
tan diferentes
diversas
divergentes
mudaron de costumbres
y de creencias
y yo también me revolví
me rebelé
y me parí
para ser
por fin
mariposa
15 de mayo de 2010

jueves, 13 de mayo de 2010

Del cuaderno a la Red sin red. El hachazo del rechazo

Ay, el rechazo
el hachazo
del rechazo
cuántos malheridos
que entonan el himno
del victimismo
y la autocompasión
y ejercen como un faraón
el derecho del rechazo
otra cosa es
que me rechacen
a mí
por favor
cómo puede ser
cómo no me quiere
querer
cómo no me puede
admirar
qué risa me da
es que me parto
a cachos
todos cagados
por el rechazo
y rechazando
sin tregua ni compasión
cuánto ego herido
partido
y vengativo
que nunca pidió perdón
paralizados
por si acaso
lo que hacen
lo que dicen
lo que cagan
otros lo rechazan
así puedo evitar
hacerlo
decirlo
cagarlo
cagarla
no vaya a ser
que me guste
el rechazo
qué poder
poder
rechazar
a cambio me someto
a las apuestas
de la opinión ajena
para volar
no se necesitan alas
sólo mirarse al espejo
y elevarse
sobre la marea
de la adicción
al hachazo del rechazo
8 de mayo de 2010

sábado, 8 de mayo de 2010

Del cuaderno a la Red sin red. Camino en la noche.

El tiempo es oscuro
como el vuelo de una mosca
y el camino se pliega
para mí
sobre sí
mismo.
Hay un vergel
detrás de aquella roca
donde calienta la luna
la danza de las brujas.
Hablan los gatos
en su lengua secreta
recitan leyendas
que nunca entenderás.
Sopla el futuro
sobre la fauna perdida.
Te arrullo con mis ojos
y te pierdo entre las nubes.
El aire da la vuelta
y me escondo en el viento.
Ruge el silencio
por la esperanza perdida.
Tu inocencia
se ahogó en el incendio.
Las flores son conos encendidos
donde liban las avispas
para picar a la miel.
La gran madre abeja
quiere abandonar su reino.
La historia rebota
contra el eco absurdo
de la contienda.
Me abrazan los pináculos
y me rechaza la sangre.
Canta la tormenta
un ulular de búho
la cuerda se retuerce
y el camino es ahora
una serpiente
suave como tu espalda
lenta como tu desprecio.
Me llaman los recuerdos.
Estoy sorda
a sus preguntas.
La respuesta navega
en un velero desvelado.
Se apagan los fuegos primitivos
las venas se erizan
en invierno
y tu cabello flota
en la distancia.
Promesa del pasado
rota bajo el acero
de la desilusión.

martes, 4 de mayo de 2010

El fin del periódico en papel?

Si no hubiese terminado hace poco el último libro que escribió Arthur C. Clarke antes de morir en 2008, probablemente no me habría atrevido a colgar esta entrada.
Ahora hay muchos gurús que aventuran el final de los periódicos de papel. Como la mayoría son propietarios y grandes magnates de empresas periodísticas, para consolarnos a los pobres reporteros que trabajamos para ellos, añaden después que los periódicos morirán, pero los periodistas seguiremnos existiendo, debemos seguir existiendo, en pro de la libertad de información de los pueblos del mundo y bla bla bla.
Lo mucho que les importa a ellos que los millones de personas que pueblan este planeta estén informados. Lo que quieren es hacer negocio con la información, porque eso, la información, siempre la ha recibido quien pudiera pagar por ella. Y los demás, en la inopia.
Pero no es eso a lo que iba.
Se trata de la infabilidad de Internet. De su perdurabilidad inamovible. Nadie pone en duda que Internet es el futuro, un futuro que nadie puede tocar.
Nadie?
Bueno, pues resulta que tanto al señor Clarke como a mí, que no nos conocemos de nada, se nos ha ocurrido que igual se puede inventar un arma no asesina, es decir, que no mate a las personas, pero que pueda provocar un apagón electromagnético que deje a una amplia zona sin electricidad, sin televisión, sin radio, y, oh, qué pena, sin Internet.
Y si a nosotros dos, tan distintos (bueno, a mí me gustan los chicos más jóvenes que yo, pero no tan jóvenes como por los que el autor de ciencia ficción sentía debilidad, y por los que se mudó a vivir en Sri Lanka), como digo, tan distintos, se nos ha ocurrido que se puede provocar un apagón digital que deje a empresas, bancos, compañías de telecomunicaciones... fuera de combate (ah, y ahora recuerdo que el sueco Heining Mankel, creador del comisario Wallander, también escribió un libro sobre un posible atentado similar), por qué no puede ser que otros estén buscando lo mismo?
Y si eso llegase a pasar, los únicos que podrían estar en la calle informando serían los periódicos que tuvieran a mano una rotativa de las de antes (y un buen generador con la energía que fuese para hacerla funcionar) para poner en la calle al día siguiente un periódico táctil, de papel que se puediese agarrar bien firme con las manos, y que ningún virus informático pudiera estropear.
Tal vez no sería una tirada millonaria, apenas unos miles de ejemplares. Pero estarían en la calle, informando a esas personas para quienes los periodistas trabajamos, los lectores.
Porque nosotros no trabajamos para los dueños de nuestras empresas, ni para los anunciantes que pagan las facturas. Nosotros sólo trabajamos para la sociedad civil, para los lectores que quieren estar informados.
Que si morirá el periódico de papel? Bueno, primero habrá que inventar algo que pueda leer esa más de la mitad de la humanidad que a día de hoy no tiene electricidad para poder conectarse a la inefable Internet. Claro que para eso tendrán primero que saber leer, y por ahora parece que hay bastante gente interesada en que no lo hagan.
Pero somos más, muchos más, los que sabemos que algún día sabrán leer, y leerán, y aunque en sus pueblos no haya electricidad, habrá un periódico de papel donde alguien les contará las cosas que ocurren.