Llego a Hendaya y el sol perpendicular a mis ojos se esconde detrás de las colinas. Me recibe amplia la playa, la marea creciente, como la luna. Los surfistas trazan caminos sobre las olas, las olas cantan una canción suave, un murmullo acogedor. La gente deja huellas en la orilla, con la certeza irrepetible del instante. Las borrará el océano, y no tendrá ninguna importancia. El viento ni siquiera susurra, todo se adormece. La luz cambia y del azul vira al violeta, al morado, al rosa. Se refleja en el espejo que abandonan las olas sobre la arena. Juraría que he visto tras los montes oscuros el rayo verde, le rayont vert, pardonez moi pas'ceque je ne parle pas an bon français... encore. Dejo atrás un viaje aderezado con una morcilla llegada del cielo en Lerma, bajo el sol de las tres de la tarde de un septiembre mediado que promete más calor. Los árboles también saben que el invierno tardará en llegar, y no esperan nieves. El planeta se calienta, y ellos piensan que es de dent...
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